lunes, 25 de julio de 2011

Las aventuras del ©Equipo Tic-Tac


QQML nos juntó, en el nos conocimos y compartimos escritos y cotilleos, de eso hace mucho tiempo, hasta meses diría yo. Y fue QQML y algunos usuarios quienes nos aburrieron con sus chorradas. Era nuestra vida, el portal del buen rollo, y ahora es un recuerdo. Gracias al Foro caímos en una depresión…y en la bebida. Ahora somos unos Freelance, hacemos trastadas, las grabamos y completamos con escritos y después las colgamos en nuestro Blog. Lo que QQML y alguno de sus usuarios nos llevó a la calle, ahora nosotros lo llevamos a las redes sociales. Somos conocidos, temidos, odiados y se ríen de nosotros, pero somos felices. Estas son algunas de nuestras aventuras.

Las Aventuras de Razor y Kowski


Seguíamos caminando bajo la poca luz que proyectaba la luna menguante, dibujando bailarinas sombras a nuestro alrededor.  Salíamos de un bar de los suburbios de la ciudad como dos campeones, dos artistas etílicos capaces de bebernos unos cuantos litros de todo lo que fuera bebible. Teníamos el alma anestesiada, la mente lenta, torpe y una mirada en cinemascope. Nos chocábamos cada dos pasos entre nosotros, y las  risas nos delataban nuestro buen humor. Henchidos de orgullo, de valentía y pillería alcohólica íbamos en busca de otra aventura para nuestro blog.
Mi nombre es Razor, y el de mi buen compañero de baile es Kowski, nos conocimos entre copas y letras. Los dos éramos aficionados a la escritura, Kowski era mucho mejor que yo, dominaba la técnica como nadie, yo en cambio era más creativo, pero juntos éramos la polla. Y después de una juerga entre whisky y cerveza… nos comíamos el mundo.
Teníamos buena parte de la noche por delante y una botella de “Four Roses” para hacerla más alegre. Encendí un cigarrillo y le pase Kowski la cajetilla con una de esas fotos asquerosas de advertencia, esta vez me tocó la del cigarro de capa caída, produce impotencia ponía, ¡ja! Porque no se lo han preguntado a la tía esa del bar, le debe costar andar. Si este jocoso comentario no lo hubiese dicho en voz alta, mi queridísimo amigo no habría soltado la gracia; -Si, esa tenía de mujer lo mismo que yo, el que anda un poco raro me parece que eres tú,- Lo reconozco, a veces tengo la boca demasiado grande y se me escapan tonterías.
Decidimos que era una buena noche para liarla. Todavía quedaba “four Roses” y tabaco, y habíamos llegado al barrio alto, al barrio rico. Quizás deberíamos alegrar la noche, darle color, chispa. Nos miramos, nuestros ojos eran como ascuas de una hoguera, y nuestra sonrisa como una media luna torcida, a Kowski le faltaba un diente justo al lado de los incisivos, no le importaba, le había sacado una buena función, se metía el cigarro en el hueco. Decía que así en invierno no tenía que sacar las manos de los bolsillos.
Nos apoyamos en un gran Mercedes descapotable, de líneas finas pero deportivas. Kowski me pasó la botella y le metí un buen trago, se la pasé y el hizo lo mismo.

-Kowski… ¿tú crees que el dueño se enfadará? – Mientras, me iba bajando la cremallera de la bragueta, necesitaba echar una meada- No creo que le im… Importe demasiado…demasiado. –El chorro de orina caía por el respaldo de cuero negro del coche y hacia un charquito en la base del asiento del conductor.
-¿Razor?, esto sí que no me lo esperaba de ti. – Se sacó la polla y describiendo una parábola con la meada, acertó directamente en el salpicadero del acompañante, salpicando orines por toda la tapicería del coche.- Si vas a hacer algo así, avísame, no tienes porque hacer tú todo el trabajo… además hay que grabarlo payaso.-  En eso Kowski era la ostia, mientras meaba ya tenía en la otra mano la cámara.
-Nunca he tenido que decirte como hay que hacer el trabajo y como veo, ya tienes la cámara en una mano y la polla en la otra. – Hacíamos carantoñas con la cara y hasta bailamos mientras los chorrillos ambarinos rociaban  el coche.
Había quedado el Mercedes bien mojado y con un aroma cítrico y empalagoso que hasta a nosotros nos molestaba. Nos echamos unas risas y uno de los vecinos amenazó con bajar y rompernos la cara. Nosotros le amenazamos con meterle la botella de “Four Roses” por el culo y no precisamente por la parte del tapón. La cámara enfocó a tipo en la ventana, después al coche y después a nuestras entrepiernas flácidas.
Nos sentamos en la acera a observar como caían los orines por las juntas de las puertas del coche mientras nos fumábamos otro cigarro. Kowski seguía grabando, con la otra mano cogió la botella, le metió un trago y la lanzo hacia el interior del coche.
-Buena puntería Kowski, pero me podrías haber dejado darle un último trago. –Le estaba hablando a la cámara, la tenía delante de los morros. – Dame el Zippo tío.
                Encendió a la segunda y me llego el olor a gasolina, Kowski tenía la manía de rellenarlo con gasolina. Observé la llama, sonreí a la cámara y lo lancé al interior del coche.
                -Si señor, buena puntería – cámara en mano se levantó y se acercó al coche.- Le va a costar un poco entrar en calor al hijo puta, no quedaba mucha bebida. –me enfocó a mí y luego se sentó a mi lado a esperar a que empezará el espectáculo.

                Tardó varios minutos en prender fuego el alcohol, pero las llamas ya sobresalían del interior del coche y nos llegaba el olor del cuero quemado y la orina evaporándose. La cámara lo registraba todo. Ahora las llamas ya eran considerables y la columna de humo bien espesa.
Ya teníamos nuestra próxima publicación en el blog, “Todos los coches arden igual, caros o baratos” rezaría en la cabecera.
               
                Nos levantamos y nos fuimos calle abajo entre risas y empujones. Nos llegó el sonido de una explosión, nos giramos y vimos como ardía a plena potencia. El fuego salto de coche en coche. La Calle quedó iluminada como un día de verano.


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